Mi cabeza se pone a trabajar demasiado cuando me quedo callada mientras viajo de vuelta a casa (de ida casi no) o cuando menos lo espero. A veces es divertido porque termino inventando telenovelas mentales tan extrañas que luego de un rato me causan mucha risa; pero en ciertas ocasiones me dejan una especie de piquetito que no me deja en paz hasta que escribo mis pensamientos en alguna parte. Quizá lo que necesito es un confidente o un confesor (o un novio xD). A falta de eso, tengo un blog abandonado que desempolvo de vez en cuando nada más para esta clase de situaciones extrañas. Aún así, es divertido sacar lo que pienso.
Pienso, por ejemplo, que puedo ser feliz con cualquier cosa; pero que ese “cualquier cosa” está restringido a alguna de las siguientes circunstancias:
- Toda cosa que me regalara esa persona.
- Algún detalle bonito que me regalara cualquier amigo/conocido que aprecio mucho.
- Algo material (sí, soy materialista >_>) que me guste que me regalara cualquier familiar (¡NO MÁS ROPA, POR FAVOR ;O;!).
Pienso también que mi casa/depa (cuando tenga, no viviré en casa de mis papás por siempre) sería un gran lugar de paso para mucha gente, sería genial, muy genial, nos divertiríamos *w* Aunque bueno, no soy pitonisa, no doy por hecho que sea así… no sé ni cuándo tendré casa/depa, así que dejemos que ese plan se vea terminado, por ahora, sólo en mis telenovelas mentales.
Y cuando me callo, admito muchas cosas, hoy fue uno de esos días, hasta podría hacer una lista:
- Acepto que, por más que reniegue y me moleste la gente posesiva/celosa, soy así (y no sé si lo disimulo bien o si de plano soy tonta y no aprovecho la oportunidad de demostrarlo. El caso es que así soy xD).
- Siempre que una persona me parece interesante, y luego de un rato de convivencia, espero que me hable. Cuando me habla, me pongo nerviosa; cuando mi cabeza loca piensa: “Oh, cielos, me gusta su forma de ser oOo!!”, me entero de algo de esa persona que me quita la emoción, entonces me da lo mismo si me habla o no. Fail.
Pensé en otra cosa que tiene que ver con mi historia cursi, se van a quedar con las ganas de saber… bueno, no. Creo seriamente que estoy viviendo lo que debí vivir hace cinco años, cuando iba en la prepa; pero darme cuenta me ha traído dos sensaciones: una de felicidad inocente y otra de pateticidad extraña. Es decir, se podría decir que mi alma rejuveneció de cinco a siete años y que tiene ganas de muchas cosas que no sintió/supo/sufrió durante ese tiempo: ser feliz porque hay un algo que te hace feliz, pero saber que estar feliz por ese algo a estas alturas del partido es una pérdida de tiempo; tener ganas de algo, pero entender desde mucho tiempo atrás que esas ganas de algo no tienen sentido y que nadie le haría “segunda” a la idea; y entonces entramos (mi Minimet y yo) en un conflicto de intereses: ella diciendo una cosa y yo llevándole la contra.
Mejor remitir a los ejemplos: acabo de recordar que cualquier niña con novio de prepa (y un poco las de secundaria, al menos en mis tiempos de prepa y secu) se emocionaba mucho el 14 de febrero porque seguro el pobre chamaco le llevaba una cartita, un globo, unos chocolates y/o una rosa bonita a la escuela; y, aunque no fuera seguro (que creo que sólo ocurría el 0.01% de las ocasiones), ella se esforzaba haciendo tarjetas, dibujos, carteles enormes para declarar su amor (18 pliegos de papel caple, inolvidable, sexto de prepa, le pidieron que lo quitara a los quince minutos de haberlo terminado de pegar, fácil se tardó media hora en ponerlo xD). Luego se encontraban los novios, se decían cositas lindas, andaban por sepa qué tantos lados con el globo y los regalitos, tomados de la mano, felices de la vida, casi gritándole al mundo: “Mírennos, somos asquerosamente felices, somos los mejores novios del mundo, le compré/me compró un globo y nuestro amor vuela así y más”.
Cursi, fail, empalagoso.
Durante mi meditación loca de hoy cuando volvía a casa (o hace una hora, ya no sé) me quedé pensando: “Me gustaría un 14 de febrero normal“, o sea, un 14 de febrero de prepa.
*Inserte un corazón estrellado por una Minimet golpeadora con bat en la mano* ¡NO SEAS CURSI! A ver, Met, tienes 22, casi 23, ya pasaste la etapa de las cursilerías comerciales, no vas a tener novio de prepa, te molestan los novios de prepa (entiéndase “novio de prepa” como… olvídenlo, no puedo definir un novio de prepa, cuando vea uno diré: “Ah, ESO me molesta”); no eres una novia de prepa, siempre te molestaron las novias de prepa, es más, siempre te molestó que las chavas de prepa se deprimieran ochenta meses porque las cortó su (ahora) exchavo a pesar de que todo el mundo supiera que al mes 81 iba a encontrarse a otro y andaría como si nada. Tú eres de las otras, Met, de las que se sienta con las chavas de prepa para darles zapes y decirles: “Mira, ¡ya pasará!, nada más te cortó, hay muchos chavos en el mundo, no te claves y sigue adelante”, ¿entiendes? Un 14 de febrero normal sería como querer ser lo que nunca quisiste ser. En resumen, mi querida Met, tú no eres de 14 de febrero, ¿estamos de acuerdo? No regalitos, no globos bonitos, no cartas ni cartelones, no chocolates, nada de andar por ahí ni gritarle al mundo. No eres de esas.
*Inserte un corazón hecho polvito*
Hace un año… xD <- Entiéndase como “Mientras escribía esto y empecé a pensar lo que pondré a continuación, me reí”, no pregunten por qué.
Hace un año, Metzi pensaba: “Quiero hacer algo bonito”. Fue a una mercería famosa luego de Seminario de investigación, vio quince tipos de caja de madera, eligió una y se dijo: “Bueno, la pongo bonita y la lleno de algo”. Entonces compró pintura, listón, bolitas raras de nosequecosa, cola de rata, lentejuela enorme de corazoncitos, dos cajitas de kisses y una de chocolate relleno. Poco tiempo después, a pesar de que debía leer ochenta cosas para las clases de la semana, se tomó un poco de tiempo para pensar cómo pintar la caja, cómo poner el listón, cómo hacer el moño de arriba, cómo llenar la caja, cómo acomodar la lentejuela (que al final no fue porque lo vio excesivo), cómo hacerla especial.
Se sintió niña de prepa.
Hubo un momento en el que se encontró en un dilema: “Me lleva, ¿cómo pongo la maldita lentejuela?”, el cual la llevó a consultar el asunto con su médico de cabecera, quien le dio ideas, y aún así ella rechazó todas. Sí, justo entonces tuvo que pelear con Minimet: “CURSI!”, “No me importa”, “CUUUUURSIIIII!!!”, “No te oigo”, “ROOOOSAAAAA!”, “No me critiques T_T”. Así nació la caja de chocolates.
“Quiero hacer algo bonito” fue una idea que me nació hace poco, me gustaría saber si tendré de nuevo ese conflicto de intereses, o si Minimet se quedó en estado de hibernación y no me reclamará mientras pienso en ese algo, o si ya aterricé lo suficiente como para que me dé lo mismo sentirme o no como niña de prepa, o si estoy flotando tanto que sigo creyendo que rejuvenecí de cinco a ocho años, o si…
Empiezo a pensar que ya no soy un cubo de hielo. Aún reacciono con lentitud o con efecto retardado, aún intento esconderme detrás de mis intentos de fortaleza, aún pretendo que no me importa la relación entre dar y recibir; pero al menos… al menos llevamos un paso ganado n_n

